Cómo hacer memoria de salvación

Después de entender la importancia de la memoria de salvación desde su fundamento bíblico, se trata de llevarlo a cabo e integrarlo en nuestra realidad personal y ritmo vital, pues, como veíamos, de ello depende nuestra propia vida. Así nos lo testimonia el salmo 77:

Recuerdo las proezas del Señor; sí, recuerdo tus antiguos portentos, medito todas tus obras y considero tus hazañas. Dios mío, tus caminos son santos: ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder

Recordar es grabar en el corazón🔗

Si por algo se define un discípulo es por aprender. Aprender implica un cierto ejercicio de memorizar. Pues bien, hacer memoria de salvación es una dinámica de fe que nos permite avanzar con seguridad en nuestro camino de discipulos de Jesús.

Del mismo modo que la palabra “record”, en Inglés, sirve para designar el hecho de grabar algo que se oye (un audio), de forma análoga, podemos entender el recordar como el proceso de grabación de la voz de Dios en nuestro corazón.

Recordar nuestra salvación es grabar los Grandes Éxitos de Dios es nuestro corazón

Record también significa establecer una marca personal. Del mismo modo, al hacer memoria de salvación, estamos fijando los éxitos de Dios en nuestra vida, es decir, fijamos las “marcas” que su presencia ha ido dejando en nuestra realidad personal a modo de huellas de su presencia.

Cuando recordamos la intervención continua de Dios en nuestra vida reconocemos también el amor que nuestro Padre nos tiene y, entonces, descubrimos nuestra identidad de hijos amados o la revivimos, lo que nos permite ser nosotros mismos realmente.

En el método de ejercicios espirituales de San Ignacio esto se expresaría con su clave de Principio y Fundamento, es decir, volver una y otra vez a nuestra realidad para reconocer desde ella el amor de Dios con sus diversos cuidados y convertir este reconocimiento en principio configurador o vector de nuestra vivencia cotidiana como lo primero y lo que fundamenta todo lo demás.

Pide auxilio al Espíritu Santo🔗

Jesús expresó que una de las cosas que haría por nosotros el Espíritu Santo era hacernos recordar y enseñar. Por lo tanto, pedir ayuda al Espíritu Santo, quien tiene encomendado este divino cometido, es tener la ayuda adicional que necesitamos.

Esto es así porque, aunque recordar nos parezca algo humanamente muy accesible, en realidad, recordar las huellas de Dios implica saber reconocerlas y esta tarea es sobrehumana, de modo que su auxilio es esencial.

Dios actúa a través de tu pensamiento, por tanto, te parecerá que lo haces tú todo. Pero es que Dios es así de maravilloso. Lo ha dispuesto todo de una manera que nos resulte connatural para preservar nuestra libertad; facilitarnos las cosas y protegernos. Por tanto, encomiéndate para que Él mueva tu pensamiento hacia donde debe recordar.

Otras veces puedes notar que el recuerdo te ha brotado sin tu aparente iniciativa. Efectivamente, puede ser que el Espíritu Santo esté obrando más directamente por su cuenta. En este caso, sigue la moción y detente en ella. Puede suceder en cualquier momento y lugar.

Puntos de partida🔗

La cuestión ahora es responder a la pregunta ¿cómo hago ahora memoria de salvación sobre mi propia historia y mi realidad personal?

Pues bien, como todo lo nuevo, lo comenzamos por un proceso de identificación. En este caso, exploramos en los hechos de nuestra vida, el rastro de las bendiciones de todo tipo recibidas de Dios para identificarlas.

Esto, además, nos permitirá aprender a reconocerlas para lo sucesivo, lo cual es muy importante porque forma parte de la base de nuestra confianza en Él. Recuerda, no es lo mismo creer en Dios que confiar en Él.

Para descubrir la tan diversa forma en que Dios nos salva, podemos partir de todo tipo de aspectos y situaciones. De ese modo, a partir de tantas situaciones concretas y diferentes vemos cómo se nos revela de tantas maneras distintas.

Generalmente, cuanto más conexos con nuestra realidad más personal e íntima, mejor, pero sin desdeñar las realidades más abstractas o generales.

Podemos ir de lo general a lo particular o de lo particular a lo general en función de lo que nos vaya resultado más accesible.

Aunque todo bien procede de Dios, te resultará más fácil reconocer la providencia de Dios en aquellas situaciones en las que te encomendaste a él de manera especialmente consciente o lo reconociste con posterioridad y se te “quedó grabado”.

Aquí tienes algunos puntos de partida y, aunque parecen corresponder a distintas categorías, a menudo, hay situaciones que podrían pertenecer a varias de ellas.

Situaciones en las que saliste adelante en una dificultad🔗

Ya sea en tu trabajo; en el estudio; en la educación de los hijos; en lograr alimento, vestido o techo; en vencer una dificultad emocional; una enfermedad, etc.

Situaciones en las que has aprendido cosas que han marcado la diferencia🔗

Principalmente en el plano espiritual, pero sin descartar las que parecen puramente humanas.

Aquellas ocasiones en las que percibiste una luz adicional o sentiste que se abría tu mente a un entendimiento más amplio, más específico o más profundo de algo: palabras de la Biblia; de una homilía; o una persona que nos ayudaron especialmente a avanzar, crecer o afrontar algo, etc.

Situaciones en las que las casualidades se pudieron entender como causalidades divinas🔗

Aquellas ocasiones en las que algo sucedió y nos impresionó porque nos pareció altamente improbable.

Todo ese haz de casualidades de las que se sirve Dios para llamar tu atención sobre sus causalidades.

Múltiples situaciones ordinarias en las que comienzas a ver la mano permanente de Dios:

A veces, parece costarnos menos ver la mano de Dios en lo extraordinario; en lo excepcional; en la casualidad causal; pero cuán cierto es que, cuando uno se habitúa a mirar, acaba tendiendo a ver a Dios en lo básico, esto es, al verificar cómo la Ley del amor genera una vida diferencial en todos los aspectos.

Situaciones en las que tomaste decisiones confiando en Dios🔗

Las situaciones en las que te la has jugado, de algún modo, en mayor o menor medida, porque has hecho un acto de fe y te has fiado de Dios. Cuando luego compruebas cómo ha ido o sido todo y ves lo que hizo. Qué buen motivo para hacer memoria de salvación.

La Creación🔗

A algunas personas que aún les cuesta interiorizar o entrar en la intimidad, les puede resultar más fácil comenzar por lo externo: desde la contemplación de la Creación (la Naturaleza; las estrellas; el cuerpo humano, etc.), como algo bello y agradable con lo que el Señor nos bendice al mirar; al mero hecho de haber sido creado; a situaciones específicas en las que experimentaste dicha en tales aspectos: por los padres o hermanos que has tenido; las personas que fueron referente especialmente y te ayudaron a salir adelante; etc.

Palabras de la Palabra dichas para ti🔗

Hay palabras que escuchas que te han iluminado especialmente. Parecen dichas para ti porque son dichas para ti. Llegan en el momento oportuno en un contexto muy específico: testimonios o palabras de otras personas que, podríamos decir, te salvaron en una situación o sobre algún aspecto (frases dichas por los padres que ayudan mucho, por ejemplo; palabras clave de alguien para afrontar una situación determinada que fueron muy incisivas y a la medida, etc.); frases de santos que te han ayudado en un momento muy preciso; palabras de la Biblia que han salido a tu encuentro y se han quedado resonando de una manera clara, etc.

Primerizos🔗

Las personas menos habituadas pueden encontrar cierta dificultad. Pueden sentir que les cuesta este ejercicio porque no lo han hecho nunca. Pero, como en todo hábito nuevo, siempre se tarda algo más en coger la dinámica al principio. Una vez que se capta la lógica y con la ayuda del Espíritu Santo, aquella se comprende e integra, de modo que el hábito se interioriza y opera de manera fluida. Esto es un fruto del Espíritu Santo.

En este sentido, si se da una aridez inicial, que no nos frustre, es cuestión de perseverar. Dios toma nuestra perseverancia en la aridez como muestra de confianza y Él dará la gracia para que vaya siendo más liviano y natural.

Verás que es un ejercicio que se retro alimenta muy fácilmente. Cuando comienzas a reconocer la acción de Dios en tu vida como la variable que no puede faltar porque te fundamenta, ya no dejas de verlo continuamente. Entonces, empiezas a entender qué significa Emmanuelle; el Dios-con-nosotros.

Propuesta para lab-orar con esta materia🔗

Te propongo que, en varios días, dediques media hora de oración con cada uno de los puntos de partida expuestos y vayas anotando en tu cuaderno espiritual lo que se vaya dando.

El iter de la oración para rezar así sería muy sencillo: