Parece un juego de palabras: acordarnos de recordar. Pero, lo cierto es que podemos preguntarnos cómo es posible poder hacer memoria de salvación en medio de un ritmo con tantas cosas por atender.
Pero hay una buena noticia. Esto ya lo previó el Señor desde antiguo. Así es. En el capítulo 15 del Libro de los Números, versículos 37-41, Dios habló a Moisés y le dijo:
«Di a los hijos de Israel que, tanto ellos como sus descendientes, se hagan flecos en los bordes de sus vestidos y pongan en el fleco de sus vestidos un hilo violeta. Llevaréis esos flecos para que, cuando los veáis, os acordéis de todos los preceptos del Señor. Así los cumpliréis y no seguiréis los caprichos de vuestros corazones y de vuestros ojos, que os suelen seducir. Así os acordaréis de todos mis mandamientos y los cumpliréis, y seréis hombres consagrados a vuestro Dios. Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os saqué de Egipto para ser vuestro Dios. Yo soy el Señor, vuestro Dios».
Como podemos ver, es Dios mismo quien vuelve a insistir en que le recordemos para cumplir sus mandamientos.
Y, para ello, facilita un medio, de modo que sea más fácil integrar este recuerdo continuo con el quehacer diario: les dice a los miembros del Pueblo de Israel que hagan unos flecos en los bordes de sus vestidos y pongan un hilo violeta para que, cuando los vean, se acuerden de vivir según la Ley del Señor y de que fue Él quien los sacó de la situación de opresión y esclavitud.
¿No facilitan los maestros herramientas de aprendizaje y trucos para reforzar lo aprendido y experimentado a sus alumnos? Como discípulos de Jesús, lo mismo hace Dios con nosotros: en lenguaje actual hablaríamos de que Dios nos enseña un hack o truco para que aquello que puede costar adquirir, repetir o recuperar se vuelva más accesible. Integrar este hábito en la rutina diaria nos ayudará a recordar a Dios en medio del ruido y los quehaceres.
Aquí los flecos con el hilo violeta funcionan como un detonante. Al llevar flecos siempre encima, ver uno de color específico actuará como disparador para, en ese momento, elevar su recuerdo de Dios. Esta memoria de salvación se proyecta tanto en relación con lo que El Señor hizo por ellos, como en actualizar de modo consciente su Ley. Todo ello para hacer de Él lo primero y no volver a caer de nuevo en opresión y esclavitud.
Se trataría, pues, de que buscar nuestros propios disparadores para recordar nuestra experiencia de salvación, de modo que nuestro pensamiento nos lleve a Dios con facilidad.
Para este hack puedes usar como disparador algo que sea más o menos recurrente para ti. Lo que veas que te resulta liviano y habitual.
A veces uno puede pensar que ponerse una cita recurrente en la agenda o una alarma del móvil podría ser algo adecuado. Tal vez. Pero si tienes ya muchas notificaciones, puede llegar a ser una más y resultar agobiante, de modo que mentalmente lo podrías asociar a algo cansino o caer en la tentación de pasar por ello de manera rápida para tener la tarea hecha, digamos. De ahí que sea bueno ir discerniendo lo que veas que te funciona mejor.
Si te fijas en el texto transcrito, Dios ya llamaba hijos a los miembros del Pueblo Elegido. Es algo vocativo, los llama según su vocación, en cuanto su condición de hijos. De modo que, al asociar la condición de hijos con la acción de recordar, nos está diciendo también que, esencialmente, un hijo es alguien que recuerda continuamente la acción salvadora de su Padre. Por tanto, los hijos de Dios han de ser, en gran medida, hijos que tienen el recuerdo de Él enraizado en su ser. Vivir como hijo es vivir recordando.
Para facilitar aquello que depende de nosotros, Dios nos da este pequeño hack consistente en usar disparadores de nuestra realidad cotidiana que nos sirvan como “recordatorios”.
¡Por tanto! busca tus flecos. A partir de ahí, recuerda la multiforme experiencia salvadora de Dios que puedes comprobar en tu vida.
