En una reflexión anterior, te invitaba a usar un método para acordarte de cómo Dios te ha venido salvando de tantas maneras y en tantos momentos, de manera que, a fuerza de irlo repitiendo, se pueda interiorizar como hábito.
En esta ocasión, te invito no solo a hacer de ello un hábito, es decir, un ejercicio recurrente, sino también a plasmarlo por escrito en un diario o algún tipo de repositorio donde puedas alojar las experiencias e inspiraciones que integran tu memoria de salvación.
Cuando recoges por escrito tus experiencias de Dios. Aquellas que identificas como tus providencias; como el obrar de Dios en ti, puedes volver sobre ello cuantas veces quieras.
Además, como apóstoles, normalmente transmitimos al Dios que hemos conocido, por lo que, como discípulos primero hemos de aprender a reconocer las presencias que ha tenido con nosotros para luego darlas a conocer como testigos.
Dios habla generalmente en momentos de silencio interior. Estos no tienen por qué producirse solo cuando estás de retiro, paradójicamente, se producen también cuando estás haciendo otras cosas sin tener el pensamiento en Él. Puedes estar caminando y llega una inspiración; puedes estar cocinando y entra un pensamiento luminoso; puedes estar conduciendo y, de repente, te das cuenta de algo.
Mi consejo es que no lo dejes pasar. Primero disfrútalo, luego da gracias y bendice al Señor. Después, en cuanto te sea posible, apúntalo con lo que lleves encima y después trata de pasarlo a tu diario personal o espiritual o lo que haga las veces de ello, de modo que luego puedas volver más veces a consultarlo.
Pasado un tiempo,el releer los prodigios que Dios ha obrado en nosotros, con nosotros y por nosotros, nos permite revivir el paso de Dios por nuestra vida. Contemplamos que su obrar es nuestra personal Pascua.
Repasar las providencias de Dios en nuestro bagaje vital también nos ayuda a tener perspectiva. Recordamos lo que vivimos y lo que estábamos viviendo entonces; cómo Dios se hizo presente y resolvió. De este modo, aumenta nuestra fe, ya que el recuerdo de su intervención nos ayuda a confiar para lo que tengamos que afrontar en el momento presente.
Finalmente, volver a recorrer esos acontecimientos de manera retrospectiva nos permite aprender, en general, las múltiples maneras en que obra Dios, de quien Job decía que obraba maravillas que ignoramos (Job 37, 5). Es decir, es una manera en la que Dios nos enseña a reconocer las huellas de su presencia y de su paso. Cuando tienes algunas recogidas por escrito y las repasas, muchas veces ves un patrón que podrás identificar en tu momento presente y en lo sucesivo.
Este “pararse” para volver tras las huellas del obrar de Dios nos permite hacer “altos” en el camino que vienen muy bien para alimentarnos; aumentar la confianza y el deseo de vivir sostenidos y dejándonos hacer, frente al mero voluntarismo.
A su vez, revisar el paso del Señor es un modo de orar muy sencillo y atractivo que podemos realizar a intervalos recurrentes (diario, semanal, mensual, semestral o anual). Al ser nuestra vida la materia de la oración, la resistencia que solemos experimentar a la oración queda diluida por la seducción que supone disfrutar de lo experimentado (idealmente, siguiendo la pauta: nos encomendamos-pensamos-escribimos-concluimos con agradecimiento y adoración). Es como recorrer tu álbum de fotos personales junto al autor de las fotos.
