Cuándo hacer memoria de salvación

En una reflexión anterior, veíamos cómo Dios quiere que nos acordemos de Él y en otra cómo Él mismo nos enseñaba una manera para que fueran ciertas cosas las que nos ayudaran a recordarle.

En lo que nosotros depende, podemos plantearnos hacer memoria de salvación de una manera, podríamos decir, sistemática, pues es un modo de asentar y asegurar deleitarnos con el Señor («Deléitate en el Señor. Así te dará lo que tu corazón anhela», Salmo 37,4). Esto es, garantizar integrarlo en nuestro orden vital (ascesis espiritual). Se trataría de darle un cierto ritmo (rockin’) buscando intervalos que nos resulten de ayuda y encajen bien.

Hay distintas maneras de ordenarlo en nuestros tiempos personales. La clave está en asumir uno o varios criterios sistemáticos, pues esto es lo que crea el hábito y facilita la fecundidad. La importancia que le da el Señor a la perseverancia es en orden a su fruto precisamente.

En este sentido, podríamos plantearnos intervalos de distinto alcance y ocasión. Así, a diario; en la recogida del día; a nivel semanal, un día a la semana; con más distancia temporal, a nivel mensual o trimestral:

  • Examen del día: la acción de gracias diaria al finalizar la jornada es el momento idóneo para ver el paso del Señor. Al estar recientes tantos acontecimientos, podemos contemplar con facilidad su acción salvadora. Se trata de todo un re-paso, pues estamos volviendo a ver su paso por el discurrir de nuestro día.
  • Revisión semanal: el examen de conciencia semanal no solo puede estar integrado por aquello en lo que hemos de trabajar, además debe estar lleno de las innumerables gracias de Dios que podemos reconocer y con las que se fortalece nuestra fe y se alegra nuestro corazón. Al fin y al cabo, el examen de conciencia también consiste en mantener y, en su caso aumentar, aquello que ya ha caído en tierra buena.
  • Recogida mensual o trimestral: de modo análogo a la revisión semanal, una retrospectiva con algo más de tiempo nos permite tener un poco más de distancia para asentar aquello que ha quedado o resonado de forma más nítida y consistente. Sin duda alguna, aquello con más peso por su importancia o incidencia tiene una gran probabilidad de ser de por sí un signo sobre el que detenerse.
  • En el fin de año, cuando contemplamos hacia atrás la ronda solar transcurrida, suele ser una ocasión muy propicia también por lo que tiene de fin de ciclo y comienzo de uno nuevo.

Como ves, esto está muy relacionado igualmente con la planificación de la oración, una práctica que múltiples santos recomendaban. Entre ellos, San Ignacio de Loyola.

Indudablemente, habrá otras ocasiones, no necesariamente ordenadas, que podemos aprovechar, tales como los tiempos de adoración y el momento tras alimentarnos con el mismo Cuerpo de Cristo, así como aquellas situaciones en las que sentimos mociones más intensas del Espíritu Santo por las que nos parece notar que es Él mismo quien insiste en que recordemos, pues una de las misiones que tiene asignada en la dinámica de la Santísima Trinidad, como nos dijo Jesús, es precisamente el movernos en tal sentido (el Espíritu Santo os enseñará y recordará…). En estas ocasiones, sobre todo, déjate llevar.

Así que te invito a ser sistemático según los ritmos que consideres para hacer memoria de salvación, ya que cuando contemplamos asiduamente cómo Dios interviene en nuestra vida, la enfocamos de otra manera y con otra confianza, alegría, paz y agradecimiento.