Materias para orar

Disponer de temas concretos sobre los que orar ayuda a estructurar de forma sólida nuestro camino de discipulado cristiano.

El contenido que tomemos para la oración es una de las grandes claves para empezar, mantenerse y crecer en la ella. Dada la importancia de la oración para la fe, cobra igual relevancia para crecer en la relación con Dios porque el fin de la oración es unirnos a Dios.

Como decíamos en su momento, encontrar un porqué adecuado y suficiente para orar es importante, ya que la razón que nos mueve a llevar a cabo algo debe ser suficientemente significativa para dar el paso. Dicho de otro modo, encontrar una razón por la que hacer algo es encontrar el motivo de valor que necesitamos para realizarlo.

La razón por la se ora poco a menudo es porque no nos resulta suficientemente significativa y también porque puede existir el prejuicio de que todo consiste en una oración vocal repetitiva y vacía, carente de fecundidad o utilidad. Pero esto no es así.

Tomar conciencia de los distintos tipos de contenidos en la oración nos ayuda a encontrarles un mejor encaje interior y, por tanto, a priorizar la oración de manera progresiva y natural cada vez más. En general, porque entenderemos que lo que oramos tiene relación con lo que nos importa y que la aportación que Dios pueda hacernos marcará la diferencia.

En este caso, las materias de oración se identificarían a partir de la finalidad con la que vamos a la oración. De momento, solo podemos exponer cada tipo de materia con unas pinceladas pues cada una da mucho más de sí:

Oración para la indagación🔗

En este tipo de materia de oración predominan los acontecimientos que me han sucedido y que he notado previamente “que me llaman” para contemplarlos con la luz de Dios de manera específica delante suyo.

Estarán relacionados con mi observación sobre cómo vivo las cosas; cuestiones que se me han quedado resonando; que han captado mi atención por algún motivo o sensación; o las circunstancias que me generan inquietud sobre mi vivencia de las cosas.

Estos acontecimientos normalmente los identifico previamente a la oración (y, de algún modo, han sido ya oración al mantener esta actitud de estar atento) y lo que hago es llevarlos a un tiempo de oración específico para contemplarlos delante de Dios, es decir, para meditarlos y abrirme a lo que Dios me invite a ver y, en su caso, a hacer o entregar al respecto.

La identificación poseerá generalmente dos ingredientes: tienen que ver con nuestra vivencia personal y captan nuestra atención con una intensidad mayor que el resto de nuestra realidad. Cuando notamos esas dos cosas, nos las podemos anotar sistemáticamente para ir reuniendo una lista de cuestiones candidatas a la oración. De este modo, al apuntarnos posibles materias de oración logramos varias cosas: nos dispone a orar más fácilmente porque sentimos que lo que vamos a rezar tiene relación con nosotros mismos; la planificación se realiza sobre la marcha, sin apenas esfuerzo, una vez que cojo el hábito de anotarme la cuestión de interés; y, de algún modo, aprendemos a identificar desde qué cosas nos llama Dios para tener una palabra con nosotros. Con el paso del tiempo percibiremos que trabajamos (en plural, yo y el Espíritu Santo) de manera estructurada, pero sin sobrecarga porque todo se vive muy integrado.

La manera de identificarlo se presentará de la forma más variada: con interrogantes (preguntas que nos hacemos); con sensaciones intensas (desagrados, atracciones); interpelaciones ajenas (palabras o imágenes de otros que se nos han quedado), etc. Por ejemplo, ¿por qué se me quedó aquella frase de mi hermana? ¿por qué siempre que se da esta situación tengo una reacción determinada? ¿qué he notado al vivir una cierta situación repetitiva? ¿por qué me resuena tanto la frase de aquella película o canción?

Oración para el discernimiento🔗

Elegimos este tipo de contenido en la oración para buscar el criterio de Dios en la toma de todo tipo de decisiones. Esto es, buscamos la voluntad de Dios para que guíe nuestros pasos hacia lo que Él sabe que es mejor para nosotros. Al hacerlo así, le estamos dando prioridad al reinado de Dios sobre nuestra vida y, por tanto, posibilitando que venga a nosotros su reino.

Lo que hacemos al discernir es ordenar nuestra realidad según Dios, es decir, devolverla o llevarla y mantenerla en el estado en que Dios la concibió para nuestro sumo bien.

No hay aspecto que resulte pequeño. Dios nos auxilia en todo porque todo importa y todo le importa. Es el propio Señor el que nos dice en la Escritura que se sabe hasta el número de nuestros cabellos (Mateo 10, 30). Sí, así de importante eres para Dios y a Él le importa todo sobre ti. También dice que quien es fiel en lo pequeño, lo será en lo mucho.

Por tanto, aquí introduzco cualquier aspecto sobre el que vaya viendo necesario consultar más a Dios sin descartar previamente cuestión alguna por un prejuicio sobre su aparente escasa importancia. Si ha llamado nuestra atención o nos sentimos inclinados a consultar, por algo será. Dios nos llama desde estas cosas también.

Ejemplos: me siento abrumado por el trabajo ¿qué hago? ¿qué elecciones hacer al planificarme?; ¿cómo ayudo a mi hijo en cierto aspecto?; ¿acudo a este evento al que me han invitado?; ¿acepto esta posibilidad profesional que se me ha presentado?; ¿qué le puedo regalar a mi esposa?; ¿qué me está faltando cuidar en mi relación esponsal o como padre?; ¿qué valoraciones debería hacer en relación con cierta iniciativa pastoral, profesional o caritativa?; ¿a qué hora vamos a misa en familia?; ¿a qué dedico el tiempo libre? ¿qué palabra tener en cierta situación o con determinada persona?, etc.

Oración para conocer🔗

Para conocer a Dios es imprescindible tomar la Escritura y dejar que Él nos vaya desvelando su rostro; su sabiduría y su maravilla poco a poco.

No podemos conocer a Dios sin su Palabra porque es en ella donde se nos relata Historia de la Salvación y, sobre todo, la vida de Jesús que es quien nos muestra el verdadero y rostro del Padre definitivamente. Mientras no mantengamos el hábito de rezar con la Palabra de Dios, mantendremos muchas ideas equivocadas sobre Él y nos perderemos mucho entendimiento.

Oración para interceder🔗

Esta materia de oración es un acto de amor puro ¿te interesan los demás? ¿tienes seres queridos? Intercede por ellos.

Interceder es pedir a Dios por las personas; los pueblos; las situaciones; las almas difuntas. Además, es una obra de misericordia, con todo lo que eso supone para el alma.

El que verdaderamente ama a los demás, una de las cosas que hace es interceder mucho por ellos, pues les desea lo mejor y, al tiempo que conoce sus propias limitaciones para amar, ayudar, etc., es consciente del poder de Dios y que Él puede suscitar medios adicionales de diverso tipo para auxiliar.

La clave en la oración de intercesión está en presentar al Señor de las personas con sus circunstancias: de cómo están; que creemos que necesitan; que consideramos que es bueno que mantengan. Pedimos para ellas las gracias de Dios que les posibiliten lo que necesitan hacer, descubrir, interiorizar, sanar, etc. Imaginemos que conocemos a alguien que se descalifica a sí mismo, se lo contaremos al Señor y le pediremos para que le muestre que debe amarse como Dios la ama; pensemos en alguien que va con las compañías equivocadas, se lo expondremos al Señor y le pediremos ilumine a esa alma o la confronte de algún modo; recordamos a una persona que ha perdido el trabajo o está gravemente enferma, se lo presentaremos al Señor y le pediremos para ella el don de fortaleza, entendimiento o sabiduría, etc.

Algo que puede ayudar es organizar esta oración de petición de una manera estructurada. La razón de plantearlo así es el deseo de poder pedir por muchas situaciones que no queremos perder de vista. Para ello, podemos rezar por ellas sistemáticamente por categorías o grupos (familia, amistades, conocidos, ahijados, situaciones, encomiendas de otros, intenciones del Papa o la Conferencia Episcopal; difuntos, Iglesia, sociedad, personas que Dios ha puesto en mi camino puntual o habitualmente; famosos; desconocidos; adversarios o enemigos), a una categoría por jornada, por ejemplo.

Deja también que Dios ponga nombres en tu corazón por cualquier circunstancia. Vemos de manera natural que aquellos por los que nos sentimos compadecidos, agradecidos o a que amamos son nombres que Dios ha puesto en nuestro corazón. Pero también puede poner otros de los que aparentemente no conocemos mucho o no tenemos relación o, a lo mejor, quiere que reces por alguien y por esto sientes esa inclinación a hacerlo. A veces la razón no está clara, aunque sabemos que Dios siempre ama, así que es para el bien de esa persona. Estemos atentos a los movimientos del corazón porque ahí está hablando Dios y se nos desvela de una manera muy experiencial (y aprendemos a pasar de una fe intelectual a la fe del Dios real, revelado, que acontece como fenómeno).

En mi oración de intercesión no falta la de un niño al que no conozco, pero recuerdo que me brotó rezar por él cuando conocí las circunstancias de sus padres. Solo conozco su nombre y no he vuelto a saber de sus padres, pero noté esta necesidad de rezar por él y así llevo años. En otra ocasión, una persona pidió que rezáramos por la conversión de su marido y sentí que debía tomarlo como algo habitual (no así en otros casos, en cambio). Algo que me impresionó mucho fue que, en cierta ocasión, empecé a rezar por una amiga, pero no sabía muy bien por qué, simplemente sentí la necesidad de rezar por ella. Al cabo de un tiempo, tuvimos una conversación espontánea en la que me contó una realidad dramática que llevaba viviendo hacía bastante. Entonces entendí por qué había empezado a rezar por ella y vine a confirmar que Dios mismo me lo había suscitado (puesto en mi corazón).

Oración para rememorar🔗

Esta es una oración maravillosa e importantísima. Consiste en recordar las situaciones en las que hemos sentido que Dios nos había amado o entendido que nos había ayudado. Es decir, se trata de rememorar las múltiples ocasiones donde vemos la mano de Dios y nuestras experiencias de salvación.

Es esta una oración importantísima porque cuanto más recordamos nuestra salvación, más recordamos a Dios mismo; más le queremos; más le confiamos; más le agradecemos; más nos asombramos; más evangelizamos, etc.

Aunque parezca una frivolidad, cuando recordamos se nos pasa el tiempo volando y disfrutamos mucho, así que, por un lado, es una oración que nos puede servir para ir alargando razonablemente los tiempos de oración; por el otro, es una oración que también nos puede ayudar a dejar otros estímulos más mundanos como entretenimientos banales (cotilleos, consumo de información innecesaria, etc.).

Además, raro será que no nos conmocionemos al valorar todo lo que Dios viene haciendo por nosotros. Cuanto más lo recordamos, más unidos estamos a Él; y mejor aprendemos a reconocer los signos de su presencia; cómo nos habla y actúa; a discernir… etc.

La ventaja de esta materia de oración es que nos resulta muy connatural al mero hecho de recordar, pensar… y que la podemos hacer en casi cualquier contexto, por lo que podemos aprovechar ratos perdidos provocados por imprevistos, por ejemplo, o en espacios que parecerían menos proclives para tenerla. Es un tipo de oración que puede venirnos por un recuerdo espontáneo que podemos aprovechar quedarnos ahí y luego agradecer, expresar, adorar… a buen seguro que lo habrá suscitado el Señor, pues Él también nos ayuda de estas formas.

Las personas que se inician pueden sentir que esto les cuesta. Es normal, no pasa nada. Como decimos, Dios ayudará también en esto. Si tenemos deseo e intención, Él irá poniendo el resto. En este caso, en la perseverancia, incluso con cierta sequedad, Dios verá nuestro deseo y responderá facilitando las cosas poco a poco. En todo caso, una manera de empezar para muchas personas es tomar conciencia de la bondad que hay en la creación; para otras en recordar situaciones difíciles que superaron e interrogarse dónde estaba Dios ahí actuando. Aquí la oración de petición al inicio del rato de oración nos puede ayudar mucho también, de modo que le rogamos que nos muestre una situación o circunstancia en la que podamos reconocerle. Si confiamos, Él lo hará y pondrá una o varias para quedarnos luego ahí.

Oración para hacer seguimiento🔗

Esta forma de orar tiene como objetivo supervisar algún aspecto que estoy trabajando en mí mismo y que deseo ver transformado. En ella recorro los elementos que he visto en otro/s espacio/s de oración (generalmente la primera, la de observación) en los que he sacado algunas consecuencias (generalmente escritas), y sobre la que voy haciendo seguimiento (al estilo del examen particular diario que propone San Ignacio).

En ella voy verificando cómo estoy viviendo lo que deseo que cambie. Seguramente he visto que tenía que pedir sobre ello habitualmente (verifico si lo hago diariamente); que podía poner ciertos medios (verifico si los he puesto); revivo las situaciones para ver cómo han discurrido; qué ha pasado; compruebo qué creencias o pensamientos han estado detrás de mis acciones (verifico lo que me ha movido).

Y aprovecho para proyectarme hacia adelante a través de la visualización. Trato de visualizar cómo lo voy a vivir según su ordenación correcta. Por ejemplo, si quiero ser paciente, no lo convertiré en una mera cuestión de reprimir la emoción que hace traslucir la impaciencia; voy a visualizar cómo voy a ser capaz de canalizar el malestar que me genere la situación susceptible de impaciencia; cómo voy a ralentizar mi respuesta para darme tiempo a digerir dicho malestar; cómo voy a rezar en ese momento pidiendo virtud; cómo voy a cambiar la creencia tras mi reacción (por ejemplo, pasar de “debería darse cuenta” a “a ver cómo puedo ayudar”), o cómo voy a aceptar el sacrificio que requiera la situación y padecerlo (los creyentes tenemos la ventaja de que, además, podemos ofrecerlos al Señor).

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Tener en cuenta estas posibilidades nos incentiva en la oración de quietud, al ser las materias de oración distintas y variadas:

  • Tendremos más incentivo a orar porque nos parecerá más dinámico
  • Veremos más motivos de provecho
  • Notaremos que la materia sobre la que rezamos también nos lleva a la forma en que rezamos. Quizá en unas escribamos más; en otras usemos más la reflexión; en otra “hablemos” mucho; en otras caminemos, etc.
  • Podremos ajustar el plan de oración en función del tiempo, la energía y el estado emocional
  • Puedo organizar tiempos de oración más amplios en una jornada planificando varios tiempos cada uno de los cuales tenga un contenido diverso