El diablo explota el punto débil

¿Cuándo se acercó el Diablo a Jesús en el desierto? Si fe fijas, lo hace en el momento de debilidad, tal y como dice el Evangelio: …tuvo (sintió) hambre. Entonces, el tentador se aproximó…Podríamos especular que no solo el hambre, sino también posiblemente la soledad, el cansancio, la sequedad… tras tanto tiempo. Sin embargo, nos ceñimos al hambre porque es la mención explícita que hace el texto.

Por su parte, remarca San Pedro en su carta en el mismo aspecto llamando nuestra atención: “Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar”.

A su vez, en la versión del pasaje en Lucas consta que “el diablo habiendo agotado toda tentación, se alejó de Él hasta su tiempo”, es decir, hasta mejor ocasión, lo que cobrará gran sentido con la traición de Judas y las tentaciones finales en la cruz.

Como vemos, el Diablo anda como león rugiente estudiando a su presa para ver cuándo atacar; buscando el momento en el que su debilidad se manifieste y así explotar fácilmente dicha fragilidad en contra.

Para mantenernos y crecer en la fe, es de toda importancia que aprendamos a conocer nuestras fragilidades. Solo así podremos identificar los puntos débiles por los que se nos puede tentar para alejarnos de Dios.

Es muy frecuente que ignoremos nuestras debilidades porque todos tenemos puntos ciegos. Sin embargo, todas dejan un rastro. De ahí que, si observas bien y habitualmente tu realidad, puedas notar señales en algunas conductas recurrentes que tienes; algunos sentimientos generados a partir de ciertas situaciones; anhelos o necesidades insatisfechas, etc.; que sirven de puerta de entrada. Por ejemplo:

  • Cuando Jesús va a casa de Lázaro, Marta cae en la tentación de acusar a su hermana María de no hacer lo que ella está haciendo. Sin embargo, Jesús le responde que María supo elegir mejor (en esta reflexión, puedes entenderlo mejor).
  • Al parar en Sicar, camino de Galilea, Jesús se encuentra con una samaritana y, llegado un momento, le señala un patrón que se repite en su vida porque busca apagar su sed de forma equivocada (en esta enseñanza, se desarrolla un poco más).

A partir de lo que vamos viviendo, nos paramos a ver en qué hemos errado; y, partiendo del síntoma en que se expresa; nos remontamos a la raíz del fallo, auténtico origen del punto de entrada. De esa manera, en lo sucesivo, podremos tener en cuenta por dónde se nos puede colar y estaremos atentos para reconocer las señales.

Unas veces puede que sea algo muy puntual, otras veces será algo más estructural (como en el caso de la Samaritana, tal vez Marta).

Un ejemplo sencillo sobre un caso puntual, pero que sucede mucho en la práctica, es que cuando estamos estresados y no hemos dejado a un lado los motivos de inquietud, es más fácil que reaccionemos de manera desproporcionada con las personas más cercanas y, por tanto, de forma injusta y errada (no escuchamos; acusamos; perdemos la paciencia; invalidamos, simplificamos, etc.).