6 Formas de evangelizar

¿Qué formas hay de evangelizar? ¿Cómo se evangeliza?

A lo largo de la vida cristiana encontramos muy diversas formas de evangelizar según la situación y las personas que nos rodean.

Se evangeliza de tantas maneras como puedan existir formas de acercar a las personas a Dios o acrecer su unión.

Dado que el horizonte de evangelizar es tan amplio, pedagógicamente puede venir bien hacerlo más manejable tratando de reducirlo a ciertas categorías, a modo de marco.  

En su día, el cardenal Carlo María Martini, partiendo del evangelio, distinguió seis formas de evangelizar: proclamación, convocación, atracción, irradiación, contagio y levitación (“Vivir los valores del evangelio, Carlo María Martini, S.J.), pero, a mi parecer, del Nuevo Testamento se puede extraer alguna otra adicional.

Vamos a ir viendo una por una las distintas formas de evangelizar. Para ello, pondremos algunos ejemplos que ayuden a entender estas categorías de evangelización. Por tanto, estamos evangelizando al:

Evangelizar mediante el anuncio🔗

Martini usa el término proclamar, pero podemos estimarlo como equivalente.

Anunciar sería toda situación en la que comunicamos a alguien la Buena Noticia, ya sea de forma privada (una conversación), ya sea de forma pública y general (una homilía; una meditación compartida; un retiro; una catequesis; una proclamación callejera). También pueden entenderse en esta categoría medios que expresan un anuncio como carteles, mensajes, artículos, canciones, películas.

Los ejemplos del evangelio son innumerables (Jesús y la Samaritana; el Sermón de la Montaña, etc.; Andrés y Juan al decir a otros “¡Hemos encontrado al Señor, hemos encontrado al Mesías!” – Jn 1,41).

Históricamente, los misioneros han sido un paradigma de esta forma de evangelizar a la que estamos llamados todos los bautizados. San Francisco de Asís o Santo Domingo de Guzmán, cuya orden tiene el carisma de la predicación precisamente, son otro ejemplo de referencia.

Evangelizar mediante la convocatoria🔗

Cuando invitamos a alguien a incorporarse a una actividad, una celebración, un retiro, una oración o una peregrinación; remitimos a una persona a hablar con otra sobre la vida de fe, etc. y situaciones análogas, la estamos convocando, es decir, la estamos llamando a estar en una situación en la que podrá recibir o reconocer su llamada a la vida como hijo de Dios.

En el evangelio queda muy retratada esta categoría en este pasaje de Mateo 22, 9-10: «Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales«.

Es famosa la, cuando menos, sorprendente convocación que vivió la hermana Clare, cuya causa de canonización está iniciada. Ella misma la contaba en un testimonio personal:

Me gustaba la fiesta. Desde los dieciséis o diecisiete años, mis fines de semana consistían en emborracharme con mis amigos. Gastaba todo mi dinero en alcohol y tabaco. Un día, una de mis amigas me llamó:

«Clare -me dijo-, ¿quieres ir a España gratis?»

«¡Un viaje gratis a España!» -pensé-, diez días de fiesta en España con el sol. ¡Por supuesto que quería ir! Me dijo que todos los que iban se reunirían en una casa la semana siguiente.

Llegó el día y fui a la casa donde iban a estar mis amigos, y entré en una habitación con gente de 40 y 50 años, todos con rosarios en las manos. «¿Van a España?» -les pregunté-, casi con miedo de oír la respuesta que iban a dar con todo entusiasmo tres segundos después: «Sí, vamos a la peregrinación».

La peregrinación fue durante la Semana Santa en un monasterio del siglo XVI. No era, ciertamente, lo que yo había imaginado cuando pensé en ir a España.

Este encuentro de Semana Santa era con un grupo que se llamaba Hogar de la Madre, y yo no quería estar allí. Sin embargo, fue durante esta peregrinación cuando el Señor me dio la gracia de ver cómo Él había muerto por mí en la cruz. Después de recibir esta gracia, sabía que tenía que cambiar: “Si Él ha hecho esto por mí, ¿qué voy a hacer yo por Él?”.

Esta es una de las formas de evangelizar más frecuentes en la Iglesia y se expresa de muchísimas formas distintas; desde invitaciones personales a carteles o dípticos que animan a incorporarse a algo; aunque también incluiría aquí algo tan especial como llevar la comunión y la unción a los impedidos y a los moribundos, al fin y al cabo, les llevamos la presencia misma del Señor.

Evangelizar al irradiar, atraer, contagiar🔗

Irradiar, atraer y contagiar: Martini los trata de forma separada, pero podemos verlos como variantes de la misma clave que tienen en común la atracción.

En este discurso de Jesús lo vemos claramente. vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5, 14-16).

Sor Teresa Benedicta de la Cruz, es decir, Santa Edith Stein, escribió que esa fue la manera en como se encontró con el Señor, ya que, cuando aún era judía, observó cómo una mujer entraba en la Catedral de Frankfurt con la cesta de la compra quedándose un rato para rezar y cuenta que: «Esto fue para mí algo completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he frecuentado los creyentes acuden a las funciones. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, como si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido».

Esta impresionante manera de evangelizar es mucho más frecuente de lo que parece. Ha sido muy habitual en personas de vida religiosa o consagrada cuya presencia ha inspirado a otros familiares, amigos o conocidos a seguir su camino o simplemente ha fortalecido su fe.

También es la manera más habitual de evangelizar entre la gente joven. En mi caso, en una época en la que estaba muy desubicado cuando era joven solía ver a mi hermana mayor disfrutar de lo que hacía en el grupo de universitarios de la parroquia. Esto me interpeló y me acabé uniendo a ellos, lo cual supuso mi regreso al camino de fe. En Navidad, mi hijo pequeño escribió su carta a los Reyes Magos y pidió una cruz de madera para mesa como la que había recibido el hermano mediano por su Primera Comunión meses antes. Ahora hay dos cruces iguales en la mesa que comparten. Puro contagio.

Evangelizar mediante el fermento 🔗

Martini emplea el término “levitar”. Hace referencia al efecto propio de la levadura cuando fermenta la masa con la que se mezcla y la transforma. Está presente, pero no se ve, aunque se acaba notando. Es una forma de evangelización muy propia del intercambio cultural.  

Como vemos en Mt 13,33: «El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado» (Mt 13,33). También podemos contemplar esta manera en este otro pasaje sobre la sal: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente (Mateo 5, 13).

Los intercambios culturales y los ecuménicos; la Doctrina Social de la Iglesia (referencia para muchos ateos); la acción política; las iniciativas en favor de la vida o de la dignidad humana de tantísimas organizaciones y tantos otros modos que, podríamos decir, evangelizan de una forma muy encarnada en la realidad.

Junto a estas formas que apreciaba el cardenal Martini, podríamos encontrar algunas otras de gran relevancia también:

Evangelizar mediante el allanar el camino🔗

Podríamos expresarlo como las diversas formas de eliminar impedimentos u obstáculos para acoger la gracia de Dios.

Podría considerarse en un amplio rango, desde deshacer falsas creencias sobre la fe o la Iglesia; a ayudar a una persona a abandonar hábitos que le impiden recibir una gracia más grande; a sanar las heridas del corazón que lo han ido endureciendo, dificultando el crecimiento interior o la apertura a Dios; a la liberación de cautividades espirituales; ignorancias que no permiten avanzar, etc.

Muchas acciones como sanar, liberar, acompañar o enseñar, en el nombre de Dios, podrían entrar en esta categoría.

Ejemplos evangélicos de ello, los encontramos en la invitación de Juan el Bautista a preparar y allanar el camino al Señor; el leproso que vuelve a Jesús y lo adora (frente a los que no lo hacen, pero también son sanados); el ciego Bartimeo que decide seguir a Jesús tras recobrar la vista; el endemoniado que es liberado y enviado por Jesús a anunciar las obras de Dios; Felipe que es enviado a enseñar al Eunuco etíope y acaba bautizándolo; incluso cuando Jesús echa a los mercaderes del templo como puedes entender mejor aquí, etc.

Aquí, a veces, tal vez quepa contemplar, en un sentido muy amplio y en todo su misterio, a aquellos otros que expulsan demonios, aunque “no sean de los nuestros”, pues Jesús mismo dice que quien no está contra Él está a favor suyo.

Evangelizar mediante la intercesión🔗

La intercesión es la oración por otros y es una manera muy accesible de evangelizar

Esta es una forma de evangelizar basada en la oración personal e, incluso, el ayuno, ofrecidos por otros. Es un modo de evangelizar maravilloso porque denota una fe honda en quien lo hace.

Podríamos decir que la Virgen María en las Bodas de Caná es un paradigma de esta forma de evangelización, dado que ella intercede para que Jesús lleve el vino nuevo a la celebración. Hasta tal punto, que Jesús parece no poder negárselo. Pero no es la única, también es famosa, por ejemplo, la intercesión de Abraham por Sodoma.

Santa Teresita de Jesús vivió esto tempranamente. Cuando tenía 14 años y antes de entrar al convento, conoció el caso de Henri Pranzini, un condenado a la pena de guillotina por haber asesinado a tres mujeres incluyendo una niña, crimen por el cual iba a ser ejecutado. El reo no había admitido su culpa y tampoco había mostrado arrepentimiento alguno. Teresa tuvo noticia de ello y comenzó a rezar por la conversión del «pobre desgraciado Pranzini», y tuviera un pequeño signo de arrepentimiento que, según ella, hiciera espacio a la misericordia de Dios, en la que Teresa confiaba ciegamente. Entonces, el día de su ejecución, relata la propia santa, Pranzini, que tampoco se había confesado, ya estaba subido al andamio y se estaba preparando para introducir su cabeza por el agujero cuando, de repente, atrapado por una inspiración súbita, se dio la vuelta, tomó el crucifijo que le presentó el sacerdote y besó sus sagradas heridas tres veces. Al día siguiente Teresa leyó en el periódico que Pranzini, leyó lo que había hecho este hombre justo antes de morir y supo que se había salvado. Ella misma comentó (Manuscrito A, 135):

«Después su alma voló a recibir la sentencia misericordiosa de Aquel que dijo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por los noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».

Años más tarde, Santa Teresita llevó su intercesión mucho más lejos.

Pero, quizá, la conversión más conocida habitualmente sea la debida a la intercesión de una madre por su hijo. Es decir, la de Santa Mónica por su hijo San Agustín.

Otro ejemplo muy habitual sería el hábito existente en ciertos ámbitos o de muchas personas de encargar eucaristías por los difuntos y orar para que sus almas alcancen el gozo definitivo. En algunos ámbitos de Iglesia, la intercesión es un ministerio comunitario o, incluso, un carisma (por ejemplo, muchas órdenes religiosas de carácter oblato).

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Como categorías que son, esta simplificación de las formas de evangelizar puede ayudar también a explorar y planificar diversas posibilidades de evangelización cuya concreción posterior será de una riqueza indecible.

También son un punto de apoyo para evaluar cómo vivimos esta dimensión parando en sus diversas variantes.

A veces, concurren varias formas de evangelizar a la vez cuando tomamos una iniciativa, de modo que, por ejemplo, podría darse tal cosa si al tiempo que invitamos a alguien a un grupo de fe o una adoración lo hemos precedido de un anuncio; que cuando estemos anunciando el Evangelio a alguien, estemos orando por él durante la conversación; que cuando aclaramos a alguien un concepto, también lo podamos estar invitando a profundizar más participando en algún evento idóneo. Y así otras situaciones.

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