La oración es el encuentro íntimo con Dios.
Es el estado personal en el que preciso estar para posibilitar la comunicación entre Dios y yo. Como si fuera un portal por el que nuestra conciencia se percibe en la amorosa y transformadora presencia de Dios.
Esa comunicación va más allá de una mera transmisión de mensajes. Es una transmisión vital, una unión de vida.
Es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre (Catecismo de la Iglesia Católica 2560).
Orar es vivir una relación con Dios.
