Oración, ayuno y caridad en Cuaresma: una propuesta

La Iglesia, partiendo de los Evangelios, propone la oración, el ayuno y la caridad (principalmente limosna), como pautas o acentos a vivir especialmente en el tiempo litúrgico de Cuaresma.

Cada tiempo litúrgico extraordinario, la Iglesia propone unos acentos específicos para vivir más concentradamente algunas cosas durante ese periodo. Y, aunque es muy propio de dichos tiempos, en realidad, podría tomarse también como un periodo de especial aprendizaje para poder prolongarlo después en los demás tiempos ordinarios y extraordinarios.

Se trata de vivir de forma más intensa en tiempo extraordinario lo que debería ser algo habitual en todo tiempo.

Esto es así porque, en realidad, la oración es como el respirar; el ayuno es toda una actitud vital para posibilitar el reinado de Dios y la caridad es condición y fruto de la perfección cristiana. Y la Cuaresma es un tiempo idóneo para ello.

Sin embargo, es posible que estas pautas de oración, ayuno y caridad de la Cuaresma las vivamos un poco desconectadas de su finalidad última. A menudo, por ausencia de suficiente pedagogía eclesial o por falta de profundización personal y pura inercia, nos parecen meras prácticas ascéticas o normas morales desprovistas de un sentido que nos resulte significativo. En realidad, son pautas ascéticas para posibilitar una realidad muy mística: hospedar a Dios. Pero, para llegar hasta ahí, hay que crecer un poco antes normalmente.

El desarrollo del profundo alcance personal que tiene cada uno de estos acentos que propone la Iglesia no podemos abordarlo ahora y hay que posponerlo a otro momento y contenido, pero, en cambio, sí se podría hacer un planteamiento sencillo que nos ayude a verlo con un sentido y utilidad, más significativos que nos permita vivirlo de forma más apetecible y accesible.

Algo que puede contribuir a que estas prácticas encuentren un mejor encaje en nosotros podría consistir en vivir estas tres cosas de la Cuaresma con un hilo conductor que enlace cada uno de las prácticas. Una clave que de unidad y vincule la oración, el ayuno y la caridad entre sí y que nos haga percibir una especie de mayor utilidad (acaso encarnación). De ese modo, partiendo de algo muy particular y concreto, podremos luego captar mejor su verdadero y más amplio alcance.

Pautas para vivir la oración, el ayuno y la caridad de la Cuaresma🔗

El planteamiento consistiría en seguir estos pasos:

  • Busca un espacio de tiempo y lugar para una reflexión de entre quince y treinta minutos máximo.
  • Toma papel y bolígrafo.
  • Disponte internamente y, con confianza, encomiéndate al Espíritu Santo para que te auxilie inspirando cómo concretar e hilvanar estos tres acentos.
  • Primero abordamos el ayuno. En este rato de oración, pide al Señor que te muestre un aspecto sobre el que podrías ayunar. Te sugiero un ayuno sobre un elemento intangible, es decir, nada que sea físico. Por ejemplo, el Señor podría mostrarme que “hablar mal de los demás” no me hace bien ni a mí ni a ellos, así que escribo esto como mi forma de ayuno de la que voy a estar pendiente en los próximos días. Escríbelo.
  • Si quieres entender mejor el motivo del ayuno, esta dialéctica de Jesús te puede puede ayudar a encajar mejor su sentido.
  • A continuación, vamos a abordar la solicitud de auxilio. Es decir, la oración. Oramos para pedirle al Señor que derrame su gracia sobre nosotros en estos días para ayudarnos con el objeto de nuestro propósito a cuidar y que Él nos ha mostrado previamente. Es decir, para que nuestra ascesis, el ayuno escogido, no sea un mero esfuerzo personal voluntarista, mediante la oración, le pedimos al Señor, que nos ayude durante ese tiempo. Lo vamos a estructurar de dos maneras: primero, le vamos a escribir una carta muy breve al Señor donde le vamos a contar lo que supone para nosotros esa problemática. Pueden ser pocos párrafos. Lo que brote: desde identificar las situaciones en las que notamos que nos pasa; a identificar el vacío que tratamos de cubrir; a lo que nos cuesta no hacerlo; a la inseguridad que descubramos, etc. y terminamos esta parte pidiéndole nuestra ayuda. A continuación, una segunda parte más simple: en una sola frase sintetizamos esa petición de ayuda en forma de oración. Esta frase será nuestra jaculatoria y la iremos repitiendo a lo largo del día de vez en cuando en las siguientes jornadas. Oramos para pedirle al Señor que nos vaya asistiendo con gracias. Por ejemplo, si el propósito de ayuno era no hablar mal de los demás, pero tengo un impulso difícil de controlar para evitarlo, la jaculatoria que voy a ir reiterando podría ser así: “Señor, avísame cuando sienta el impulso de criticar y darme el don de fortaleza para no hacerlo”. Escríbelo.
  • En tercer lugar, vamos a atender la parte caritativa de un modo activo. Como nuestro propósito es ayunar de no criticar, vamos a convertir nuestra caridad en lo contrario, es decir, vamos a acentuar lo contrario en un sentido positivo. En nuestro caso, vamos a acentuar el hablar bien de la gente: elogiamos a alguien espontáneamente; resaltamos un aspecto favorable; defendemos a una persona de una crítica ajena, etc. También en esto podríamos pedir ayuda en la oración. Para el Señor nos avise de las oportunidades practicarlo, por ejemplo. Escríbelo.

Tabla de revisión diaria para ayudar a vivir la ascesis de la Cuaresma🔗

Idealmente, puedes hacer revisión diaria, como parte de tu repaso espiritual cotidiano, y ver qué tal se te ha dado durante cada jornada. Tal vez lo veas más claro con una tabla que, si te ayuda, puedes imprimir y seguir:

Cuaresma 2025
Ayuno
Lo que quiero quitar     
Oración
  Carta a Jesús                                                   
Petición para que el Espíritu Santo me conceda los dones para el cambio       
Caridad
Lo que hago en su lugar         
Repaso diario
Día¿He ayunado?¿He hecho la petición durante el día?¿He cultivado lo propuesto?¿Cómo me he sentido?
Lunes    
Martes    
Miércoles    
Jueves    
Viernes    
Sábado    
Domingo    

Como podemos ver, hemos seguido un hilo conductor que nos ayuda a crecer en un cierto aspecto aprovechando la Cuaresma. Todo está conectado y dirigido a un mismo fin de manera sencilla y accesible.

¿Nos ayuda esto a vivir la Cuaresma? No solo nos ayuda a vivir la Cuaresma, sino que, a la inversa, también es la Cuaresma la que nos ayuda a vivir.

De alguna manera, hemos diseñado una práctica penitencial a la medida de nuestra necesidad espiritual. Si lo vivimos con conciencia, no como una praxis vacía o voluntarista, nos aportará diversos niveles de entendimiento espiritual y de transformación que notaremos que nos encajan más.

Dos observaciones antes de seguir. Este planteamiento no agota, ni mucho menos, las posibilidades de ayunar, orar y obrar que son tantísimas, sin duda, solo constituye una propuesta que puede ayudar de una manera determinada.

Tampoco debería anular las prácticas preestablecidas por la Iglesia, sino complementarlas. En este sentido, no debemos usarlo para anular o sustituir el ayuno y la abstinencia físicos de Miércoles de ceniza y de Viernes Santo; ni las posibilidades de limosna que se tengan porque tienen un sentido propios que no debemos desvirtuar y son previas a cualquier otra propuesta (salvo que la propia Iglesia autorice alternativas). Quien es fiel en lo pequeño podrá ser fiel en lo grande, como dice el Evangelio, así que lo primero es seguir la pauta de la Iglesia siempre porque el primer mandamiento es obedecer a Dios y más si existe una forma de hacerlo que Él ya ha dispuesto. Sin esto no hay crecimiento en la fe porque no hay docilidad al Espíritu Santo, sino únicamente auto determinación personal.

En nuestra familia, nos hemos propuesto vivir así la Cuaresma junto a los niños (ocho, diez y trece años) y ellos lo han acogido con facilidad. Los padres tenemos las nuestras y los niños las suyas. Lo revisamos en la oración de la noche en un minuto o dos.

En relación con los niños, puede que cada día pongan algo distinto en cada apartado. Quizá un día se han olvidado de la oración y otro día se les ha escapado otro aspecto. Pero, al seguir cada uno con su hoja (están habituados, es como si fueran deberes del colegio, pero más relacionado consigo mismos), van aprendiendo distintas cosas de paso: a observarse sistemáticamente; a compartir logros y dificultades; a identificar un aspecto que requiere atención; a saber que su esfuerzo es “compartido con Dios” que los auxiliará, etc.

Una cosa que también puede ayudar es que lo que brote en la oración sobre lo que ayunar sea una manera inadecuada de tratarse a uno mismo (a uno de nuestros hijos así le brotó y no lo impedimos). Esto es muy bueno porque hemos de amarnos como Dios nos ama y porque no podemos amar a los demás de forma diferente a como nos amamos a nosotros mismos. Como vemos, puede dar mucho juego personal.

Para los “olvidos”, por nuestra parte, podemos sugerir alguna regla nemotécnica para recordarlo con facilidad. Por ejemplo, al modo de los “flecos” que nos relata la sagrada escritura (Números 15, 37-41).

También comentar que, en nuestro caso, fuimos nosotros quienes propusimos a los niños más pequeños aquello sobre lo que podían trabajar, partiendo de algo que hubiéramos notado que últimamente les estaba costando especialmente. Así se introducen vivencialmente en una fe encarnada y un Dios Emmanuelle (con nosotros) activo.

Por otro lado, un planteamiento puede consistir en mantener lo mismo toda la Cuaresma; otro podría ser cambiar cada semana o cada dos semanas y así abordar un aspecto solamente o varios. A cada uno, lo que le sugiera el Espíritu.

Finalmente, comentar que quizá a uno le pueda parecer poca cosa centrarse en un solo aspecto. Ante esto comentar que, por un lado, comentar que no hay obligación de tal y nada impide abarcar varios aspectos simultáneamente o sucesivamente; por el otro, que hay muchas personas a las que centrarse en una sola cosa les ayuda más porque se están iniciando; otras llevan ya de por sí una vida de mucho esfuerzo, por lo que, como decía San Bruno, tampoco se debe exigir inadecuadamente, ya que «el arco siempre tenso, pierde su fuerza y ya no sirve más»; además, anima mucho también el tener presente la clave que daba Santo Tomás: las virtudes crecen como los dedos de la mano, si crece una, crecen también las demás.