¿Estás experimentando contratiempos o contrariedades que te hacen sufrir? ¿Has tenido que afrontar acontecimientos de forma inesperada que te han obligado a adaptarte precipitadamente? ¿Sientes que una situación te supera? ¿Huyes de algo? ¿Sientes que alguien está contra ti? ¿Te sientes en la aridez? ¿caminando sin referencias claras tal vez? ¿estuviste así anteriormente?
Hay alguien que pasó antes por ahí hace mucho tiempo. Esa persona se llamaba Jacob. Un episodio de su vida lo marcó especialmente y le hizo descubrir claves muy importantes que te pueden ayudar hoy a ti. Jacob estaba en una situación muy difícil, sin embargo, sus circunstancias le revelaron algo extraordinario.
El Génesis narra que: “Jacob salió de Beerseba en dirección a Harán. Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol. Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar. Y tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia. 15Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido». Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: «Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». Y, sobrecogido, añadió: «Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo». Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que había colocado por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite por encima. Y llamó a aquel lugar Betel, aunque antes la ciudad se llamaba Luz. Jacob hizo un voto en estos términos: «Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo» (Génesis 28, 10-22).
Un poco de contexto🔗
Antes de este episodio, la Biblia narra que Dios había anunciado a su madre, Rebeca, que de los dos hijos que estaban en su vientre, el mayor, Esaú, serviría al menor, Jacob. Más adelante, en lo que parece casi un presagio o una profecía, el Génesis sigue relatando que Jacob nació agarrando con la mano el talón de Esaú y, de hecho, años después Jacob, en un momento de flaqueza de su hermano, lograría que Esaú le vendiera su primogenitura por un plato de lentejas. Seguidamente, prevaliéndose de la fragilidad de su padre, con un ardid, lo engañaría para lograr su bendición. Esto provocó la ira de su hermano Esaú que le buscaba para matarlo (Gen 27, 41-45). Por este motivo, su madre le aconsejó huir a Harán, donde vivía su tío Labán.
Como vemos, prácticamente había tenido que salir con lo puesto desde Beerseba en dirección a Harán, donde vivía su tío, a unos 800 o 900 kilómetros, dependiendo de la ruta seguida. Parece que Jacob debía alejarse mucho para sentirse a salvo.
Podemos imaginar las dificultades que enfrentaba: perdía aquello por lo que había luchado; debía dejar lo que conocía y le daba seguridad (su tierra, sus redes familiares y de amistad; la riqueza de su padre; sus propios bienes); se sentiría solo, desbordado, vigilante, desconfiado; triste por las pérdidas; asustado por la situación. Realmente había perdido todo lo que amaba ¿no nos sentimos así en algunos momentos vitales?
Es esta escena una imagen para interiorizar porque todos pasamos por encrucijadas, lo queramos o no (una enfermedad; una dificultad profesional; una pérdida personal; un alejamiento familiar; una desubicación vital; una limitación personal; pecados personales con consecuencias, etc.). Es una escena y una imagen que nos van a servir de marco mental en múltiples ocasiones, ya que nos ofrecen un recurso para entrar en nuestro lugar existencial, aquel que nos viene determinando.
Los lugares🔗
En esta escena las menciones a los lugares son muy significativas y reveladoras. Podemos desglosarlas en dos aspectos: los espacios tomados como camino y los lugares tomados como parada.
En relación a los primeros, al contemplar los lugares como recorrido, vemos que el camino de Jacob nos muestra nuestra historia de Salvación.
Jacob que ya desde antes de nacer había sido predestinado, crece en un lugar denominado Beerseba, que significa “siete pozos”. En la Biblia, el número siete siempre designa la plenitud, lo acabado, lo perfecto. Jacob expresa en el texto que Beerseba es el lugar donde él querrá volver, la casa de su padre: la plenitud que anhelamos.
Por determinados sucesos vitales que tienen lugar entre él y su hermano, en los que Jacob no está exento de responsabilidad, deberá alejarse y huir en dirección a Harán, donde vive su tío Labán. Harán significa camino, recorrido. Labán significa blanco o blanquear. Jacob pasará mucho tiempo allí hasta que pueda emprender el regreso. Esto simboliza que tiene que hacer un camino (Harán) más o menos amplio de purificación (Labán) para poder volver a estar en la casa de su padre (Beerseba).
Por tanto, lo que nos está contando la Palabra es que Jacob ha salido de la casa del padre, de la plenitud, a causa de sus acciones; que deberá hacer un recorrido vital para volver de regreso a esa plenitud. Esta es nuestra historia: volver al seno del Padre, el único lugar donde encontramos la plenitud y que hemos perdido a causa de nuestra conducta.
En relación a los segundos, los espacios de parada, el texto pone mucho el acento en el lugar de parada de Jacob. Este lugar recibe tres descripciones: “un determinado lugar”; “ciudad de luz”; y “la casa de Dios y puerta del cielo” (Betel).
Estas tres formas de calificar el lugar donde Jacob se detiene vienen a decirnos cómo empieza y cómo termina Jacob su recorrido interior en este punto en el que se encuentra. Así, como veremos, Jacob se encuentra en un momento ambivalente, ya que “un determinado lugar” es algo un poco indeterminado; después, sabremos que, en realidad, donde se detiene es un sitio de luz (ciudad de luz); para finalmente terminar conociendo que aquel lugar de luz pasará a ser algo más: un lugar sagrado (la casa de Dios, la puerta del cielo, una referencia para el pueblo de Israel).
En síntesis, podría decirse que no sabes del todo dónde estás en la vida hasta que no te encuentras con Dios.
Pues bien, sobre estos dos recorridos nos habla la escena y nos invita Jacob a hacer: un recorrido a corto plazo que implica una parada en un contexto de un recorrido de mayor amplitud que llevará más tiempo.
Punto de inflexión en el que hay que detenerse🔗
Esta parte de la vida de Jacob nos revela que está en un punto de inflexión. Se ha puesto el sol para él. Lo que venía iluminando su caminar, se ha puesto, es decir, ha desaparecido.
Vive una transición entre dos puntos: el lugar de donde viene y el lugar a donde le toca ir ahora. No podrá regresar a casa definitivamente hasta que no haga un camino determinado que aún está por desvelarse.
Ahora mismo está en una situación de oscuridad en la que no hay más remedio que parar, pero en la que surgirá una luz (aquel lugar, al principio designado de forma indeterminada, se llamaba, en realidad, ciudad de luz).
Se quedó allí a pernoctar. Parece un hecho intrascendente, puesto que nos parece normal que se detenga ya que era de noche. El texto se vale de esta circunstancia para contarnos algo de él: es esa oscuridad la que provoca su parada; debe detenerse. Debe parar y descansar. Se tiene que parar, por esa oscuridad que está experimentando, para que brote una palabra que ignora; para que encuentre una luz que desconoce, pero que le será de gran valor. Es un momento para no dejarlo pasar, hay que detenerse en él.
Debe parar a poner nombre a lo que está pasando, de modo que pase de estar en un indeterminado determinado lugar a ponerle él mismo ese nombre: Betel, lugar de encuentro con Dios y, claro, consigo mismo.
Vivimos en ese mismo paralelo: aquello que no identificamos no lo podemos manejar. Debemos poner nombre a lo que nos pasa. Por eso debemos hacer una parada. Ahora bien, vivimos o estamos en un momento de oscuridad y nos falta luz, hemos de parar en un lugar de luz (la fe, la Iglesia), para que se nos revele algo nuclear que cambiará nuestra forma de caminar para siempre.
Las circunstancias, un portal para que se abra el cielo🔗
Se detiene Jacob y toma una piedra del camino que se pone como almohada, tal y como hacían los caminantes del desierto habitualmente.
Indica el texto que la piedra es de allí mismo, es decir, esa circunstancia que está ahí mismo, delante de ti, en la que debes detenerte desde su raíz y sobre la que debes tener un entendimiento diferente (se la pone en la cabeza), iluminado por la fe, para poder experimentar un cambio ontológico antológico porque te está fundamentando; se puede convertir para ti en la “piedra de toque” de tu existencia.
Es la realidad propia como sacramento. Es decir, nuestras circunstancias se constituyen en un portal que nos revelan una palabra que Dios nos quiere comunicar sobre Él y sobre nuestro existir del momento. Las circunstancias que vivimos son el sacramento de nuestra realidad y todas ellas son ocasión de revelación de una Palabra de Dios que iluminará nuestro caminar.
Implica que estás justo en el momento en el que tienes que estar; el momento de mayor desolación es un momento de revelación de Dios para ti. Él tiene algo que decirte.
El término ángel designa una categoría de ser celestial. Aquel que interviene con una misión concreta, la de ser mensajero. Un mensajero es alguien que porta palabras de un emisor a un receptor. Los ángeles portan las palabras que suben y bajan del cielo a la tierra, de la tierra al cielo. Nos están mostrando las posibilidades del diálogo que el hombre puede mantener con Dios en “ese lugar determinado” desde el que se encuentra.
Implica que justamente desde el lugar en el que me encuentro existe un acceso a Dios. En este punto de mi realidad se me abre el cielo. En ese diálogo, se abre paso una palabra de Dios nítida para mi caminar que me sana y me salva
En los momentos de crisis notamos especialmente cómo sube nuestra palabra a Dios y cómo desciende una palabra de Él al respecto. Cuando nos paramos, notamos especialmente que esas palabras que expresan nuestra necesidad reciben otras que la atienden. Con ellas, vamos haciendo el recorrido encontrando un nuevo caminar.
Por tanto, Jacob experimenta una revelación en la que descubrirá que su realidad terrenal (humana), está conectada (la escalinata) con el cielo donde habita Dios y le desvela una perspectiva que lo cambia todo.
En medio de tu oscuridad, puedes recibir una Palabra de Dios dicha para ti. Como en la Palabra, Dios hará dos cosas muy importantes:
- Te enseñará o recordará quién es Él para ti: de algún modo, se introduce a sí mismo porque esta forma de Dios de hacerse presente es nueva para la persona. Viene a decir, tú ya me conoces, yo soy aquel de quien te hablaron. Soy el Dios del que te hablaron tu padre y tu abuelo. Pero me conoces un poco de oídas, no has captado del todo quién soy realmente: Yo soy el Señor y verás qué clase de Señor soy.
- Te mostrará su promesa, sentirás que te la hace: Dios le hace una promesa que permitirá a Jacob saber quién es Dios para él. A ti, igual. Es una promesa de fecundidad y trascendencia; un compromiso de protección y seguridad. Dios está presente de forma activa en tus circunstancias.
Volver a las circunstancias con otra visión🔗
Cuando creemos que todo va bien, normalmente nos olvidamos de Dios y nos hacemos autónomos de Él como si no le necesitáramos. Cuando las cosas no van bien, topamos con nuestras limitaciones y vemos nuestra verdadera realidad: sin Él no podemos nada. De ahí que, a menudo, el momento de infortunio cree en nosotros unas condiciones de disposición mejores. La clave, a futuro, será no verlo como el Dios para un momento determinado, sino el Dios para todo tiempo (todas mis fuentes están en ti, dice la Escritura).
Cuando las cosas se ponen difíciles, de primeras, rara vez vemos a Dios en ellas, pero este es el testimonio y la enseñanza de Jacob («realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía»): Dios está en este lugar en el que te encuentras tan difícil y no lo sabes. El peor lugar de tu existencia actual es el mejor lugar para conocer a Dios y el mejor lugar para escuchar una buena noticia: yo estoy contigo; yo te guardaré (…); yo te haré volver; (yo) no te abandonaré hasta que Yo mismo cumpla lo que te he prometido.
Debes saberlo: no estás solo en tu desolación. Dios está de forma activa. No todo dependerá de ti; Dios se hará cargo contigo hasta el final, hasta que te cumpla lo prometido. Camina mientras escuchas: yo soy; yo estoy; yo te guardo; yo hago; yo te llevo.
En estas circunstancias complicadas para ti, Dios adquiere un significado más amplio que el que tenías. La imagen de Dios en tu mente se redimensiona. Ya no es el Dios que conocías de oídas (el que te contaron tus ascendientes. En el texto, Abraham e Isaac); es el Dios personal; el Dios al que percibes que puedes hacer tuyo porque has recibido una palabra suya de poder; una palabra que encaja perfectamente con lo que estás viviendo. Ahora puedes decir: he escuchado justo lo que necesitaba oír. Un Dios implicado en tu proceso vital; un Dios que puedes hacer tuyo porque tienes la convicción de que puedes contar con Él (basta parafrasear a Jacob: «Si Dios está conmigo y me guarda… Si me da pan para comer y vestidos para cubrirme… si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios). Si puedo contar con Dios para mi existir, entonces todo cambia.
Nada ha cambiado, pero todo ha cambiado🔗
Aquel lugar que parecía indeterminado ya no es tan incierto; ahora se presenta, nada menos, como la casa de Dios y la puerta del cielo («Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo» dice el texto). Significa que nuestra solitaria realidad se convierte en lugar habitado por Dios y medio de acceso a él. Tu realidad se convierte en el sacramento que, por antonomasia, te revela a Dios. Todo lo que pasa es como un portal, un medio de acceso a Dios y puedes “emplearlo” para obtener una palabra suya; porque Dios es justo y te dice justo lo que necesitas en cada momento (nos da el pan nuestro de cada día).
Hay una resignificación. En lo exterior, aparentemente todo parece seguir igual, pero internamente ha habido un cambio cualitativo: ya no estamos solos, hay un Dios que nos cuida. Aunque aún hay un camino por recorrer y a corto plazo sigamos en el mismo camino, Él ha hecho una promesa y Él mismo se constituye en la propia garantía de su cumplimiento (hasta que cumpla lo que he prometido).
Aquel que se había presentado como Yo soy el Señor (el soberano, el creador, el absoluto), de repente aparece casi como un deudor con su criatura, hasta tal punto que en el Evangelio Jesús llegará a decir que Él mismo servirá a sus siervos «Dichosos los siervos a quienes el señor, al llegar, los encuentre velando; en verdad os digo que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, acercándose, los irá sirviendo». Solo un loco diría que un Señor sirve a su siervo, un loco de amor, claro, pero es que la lógica de este Dios nuestro es muy diferente (si uno se para a pensar esto un poco, le brota ponerse de rodillas interna-externamente).
La resignificación definitiva🔗
Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que había colocado por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite por encima. Y llamó a aquel lugar Betel, aunque antes la ciudad se llamaba Luz.
Jacob no espera más, se levanta de madrugada. La Palabra recibida le otorga una fuerza inusitada que le impulsa con rapidez; que pone la luz que falta al día que aún no ha llegado; caminar por el desierto de madrugada significa que aún deberá caminar en cierto claroscuro; en ese estado intermedio de una oscuridad que empieza a clarear. La oscuridad aún permanece por un tiempo, pero ya no representa el peligro de antes. Se puede caminar luminosamente en medio de la oscuridad, aunque solo sea guiado por la luz de las estrellas que, paradójicamente, pese a su tenue luz, marcan el camino mejor aún que a pleno día por su fuerte contraste con la oscuridad circundante.
Cuando tienes una experiencia así, esa realidad que empezó siendo una piedra; se convirtió en un lugar donde apoyar la cabeza y, tras la revelación, se transformó en una estela sagrada. Aquel lugar de su existencia caracterizado por la desubicación ha adquirido un nuevo significado. Esa experiencia ahora se ha convertido para él en un lugar sagrado de su ser porque le recuerda la situación que le permitió experimentar al Dios personal; al Dios que se dirigía a él personalmente; al Dios que promete y cumple lo que promete. Tanto que la anónima piedra no solo fijará el punto existencial exacto donde el hombre percibe con claridad la Nueva Alianza; además dará nombre nuevo al lugar: Betel, es decir, “casa de Dios”. Ahora es más que un lugar de iluminación personal, es un lugar de encuentro con la luz total (Dios). Ahora entiende su cruz como su salvación.
El lugar no pierde sus dos denominaciones, una se superpone a la otra. El lugar de mi existir actual puede ser una ciudad de luz porque en él puedo encontrar la luz que me está faltando. Pero también puede ser algo más, es un lugar de encuentro con Dios donde recibo una luz más profunda al revelarse su presencia activa. Esto lo hace, por ello, un lugar consagrado (de dedicación) para mí porque es un lugar de entrega: de Dios a mí y de mí a Dios (Si Dios es un Dios que hace esto y aquello por mí… entonces será mi Dios y yo responderé así…), ya que ahora entiendo que puedo contar con Él y vivir en la confianza. Es un lugar donde sellar la alianza de mi existencia: si puedo caminar sabiendo a mi lado a tan magnífico aliado, no puedo más que entregarme. Es, por tanto, un lugar sagrado.
Poner palabras a la experiencia🔗
Jacob hizo un voto en estos términos: «Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo».
Lo último que hace Jacob es tomar conciencia de lo que Dios ha hecho con él. Emplea sus propias palabras para expresar lo que ha vivido, lo que ha entendido. Son palabras muy concretas propias de situaciones muy concretas. Esto es porque si Dios se nos revela a través de las circunstancias, también permite que le vayamos conociendo a través de concreciones.
Corolario🔗
Quizá no estés pasando por una situación o momento así actualmente. En tal caso, puedes volver la vista atrás y localizar las situaciones en las que pensó que era Dios quien estaba presente de forma activa otorgando su favor o puedes prepararte para cuando lleguen las circunstancias interiorizando.
Podemos apoyarnos en las palabras de Jacob para hacer brotar las nuestras. Basta con parafrasearle. Ahora, gracias a Jacob podemos entender mejor las Bienaventuranzas de las que nos habla Jesús: a partir de una circunstancia aparentemente contraria, Dios hace notar su presencia para darnos la vida verdadera, la que viene de Él. Jacob nos dio una clave desde el Antiguo Testamento.
Efectivamente, notamos una serie de verbos “fuertes”: yo soy, yo haré, yo estaré, yo cumpliré… Él será… las bienaventuranzas siguen un patrón similar porque expresan lo mismo (ellos serán consolados; serán llamados; serán colmados; serán compadecidos…). Es decir, describen la acción de Dios, lo que Dios quiere ser para cada uno de nosotros.
Tienes futuro🔗
Al final, lo que nos muestra esta etapa de la vida de Jacob es que, a través de las circunstancias Dios se nos revela para que, sanados de las heridas de la vida y salvados de los peligros, volvamos a la casa de nuestro padre donde se encuentra la mejor vida, la vida verdadera (si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre dice el texto dejando claro el anhelo de Jacob y de toda persona).
No importa cuán difícil sea tu momento actual, incluso si eres responsable de parte de la situación, tienes futuro. Ahora tienes que vivir el momento presente y detenerte; convertir tu oscuridad en ciudad de luz y dirigirte a Harán, hacer el recorrido posterior. Puede que sea más largo de lo que te gustaría, pero es necesario. Hay mucho que hacer para volver a Beerseba. La historia posterior de Jacob, que te invito a leer (es breve), así lo muestra.
Al final, podrás leer algunas historias de personas que, en tiempos actuales, hicieron este recorrido y llegaron a Beerseba. Merecen la pena.
Ahora tú: tu escala de Jacob🔗
En medio de sus peores circunstancias, Jacob tuvo una epifanía y nos muestra que nosotros también podemos tenerla. Puedes apoyarte en la imagen de la experiencia de Jacob y emplearla para obtener una palabra de Dios iluminadora, tanto para obtener una luz como para resignificar tu imagen de Dios; ver la situación como un anclaje en el que fijar tu confianza en la promesa de Dios…
| Experiencia de Jacob | Aspecto | Pregunta | Ejemplo de una posible experiencia personal |
| El desencuentro con su hermano, le hace perder lo que anhelaba | El origen de la situación | ¿Cuál es el origen remoto del camino que estoy haciendo ahora? | Acabo de divorciarme y mi vida está patas arriba. |
| Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán | La dirección seguida | ¿Hacia dónde estás yendo en este momento? ¿A dónde tienes que ir ahora? | Ahora me viene especialmente bien refugiarme en el resto de mi familia; las personas que me quieren; emprender algo nuevo que hasta ahora no había hecho; ir a un lugar diferente, pero familiar. |
| Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol | Detenerse | ¿En qué punto estás ahora? ¿Cuáles son tus circunstancias de este momento? | No sé quién soy. Siento falta de confianza. Me siento perdido. Siempre pensé que me sentiría amado, pero no ha sido así ¿por qué? |
| Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar | Tomar conciencia | ¿Qué pasa por tu cabeza? | Me encuentro solo. Me siento mal, pero también me he dado cuenta de que debo fortalecerme; conocerme mejor; desarrollar mejores hábitos; cambiar la perspectiva. Puedo atender mis necesidades que había descuidado; puedo encontrarme conmigo mismo y entender mi identidad; puedo seleccionar mejor lo que hago. |
| Y tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella | Conectar lo humano con lo divino | ¿Qué mensajeros estás teniendo? ¿Qué le pides a Dios? | Hay personas que me están ayudando. Hay cosas nuevas que nunca había pensado y que me ayudan. |
| El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido» | Escuchar | ¿Qué palabra concreta de Dios entrevés? | Si es cierto que Dios me ama así, siempre tuve en Él el amor que necesité, pero lo buscaba de manera equivocada. Si es cierto que Dios está presente en mi vida de forma activa, no temo el camino que debo seguir ahora para luchar con los contratiempos que han surgido. Si es cierto que Dios me ha hecho una promesa y Él mismo me dice que la cumplirá, ahora sé que no todo depende de mí y puedo caminar con una paz y una seguridad renovadas. Él me ayudará de formas que no soy capaz de prever. Pero sé que lo hará. |
| Jacob hizo un voto en estos términos: «Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo». | Expresar | ¿Qué te brota ante lo que Dios es y hace por ti y en ti? | Me doy cuenta de que sigue habiendo un horizonte para mí, de modo que puedo encontrar una vida verdadera que no conocía, aunque las circunstancias no cambien del todo. Haré un compromiso con Dios y conmigo mismo para hacer un recorrido de transformación iluminado y sostenido por Él para regresar al hogar en el que me siento sano y a salvo. Gracias, Dios, porque no te conocía y ahora te conozco. Ahora me he dado cuenta de que puedo invocarte para que intervengas; que puedo dejar de tener miedo porque sé que estás en mi camino de forma activa. Bendito eres. |
Historias🔗
Algunos testimonios de personas que se encontraron con Dios en sus situaciones límite y encontraron una vida nueva.
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