Al evangelizar, nos encontramos con Jesús

Al evangelizar, Jesús nos sale al encuentro. Y este es un hecho que nos impulsa y motiva para evangelizar porque, al hacerlo, nos encontramos con Él y, a lo que estamos llamados, en definitiva, es a estar con Él.

En el acto de anunciar la Buena Noticia descubrimos que al evangelizar encontramos a Cristo. Efectivamente, en la escena de las mujeres en el sepulcro tras la muerte de Jesús (Mateo 28, 5-10) el evangelio narra que:

El ángel habló a las mujeres:

«Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado».

Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos».

Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Cuando las santas mujeres acuden al Santo Sepulcro tras la muerte de Jésus, se desencadenan los acontecimientos. Ellas buscan al Jesús que hasta entonces conocían (como crucificado), pero, en su lugar, se las envía a anunciar al Jesús resucitado. Inmediatamente obedecen y, de repente, es Jesús resucitado mismo quien les sale al encuentro.

Se desencadena así una secuencia de acontecimientos que es la misma que nos sucede a nosotros. Si nos fijamos, la breve escena describe todo un recorrido interior de las santas mujeres: (1) búsqueda, (2) anuncio, (3) acogida, (4) envío, (5) obediencia, (5) encuentro, (6) fruto.

Tras haber acogido el anuncio de Jesús y haber obedecido a la mediación que las envía a un valiente anuncio (recordemos la espiral de miedo que rodeaba el ambiente aún: los discípulos estaban encerrados por miedo a los judíos), de camino a anunciar se encuentran con Jesús resucitado.

Este momento es muy importante. Cuando das pasos para anunciar a Jesús, es Jesús mismo quien te sale al encuentro en tu camino y sucede algo que lo cambia todo: ya no anuncias solo por el testimonio de otros (los portavoces de Dios previos que te han hablado de Él); ahora lo haces porque has tenido tu propia experiencia del resucitado.

Efectivamente, las santas mujeres completaron su experiencia de búsqueda y encuentro “en el camino para el anuncio”. Pasaron de poder anunciar el cumplimiento de la promesa a partir de unos indicios de la resurrección (la ausencia del sepulcro que habían visto y el testimonio de otros) a poder hacerlo a partir de su propio encuentro personal con Jesús, al que experimentan en un segundo momento.

Dicho de otro modo, la experiencia de Dios se completa cuando uno se ha fiado; se pone en camino y da los primeros pasos para anunciarlo con lo que ha podido ver hasta este momento.

Por lo tanto, cuando evangelizamos, obtenemos un fruto increíble: nos encontramos con Jesús mismo y lo experimentamos personalmente. Ya no pensaremos ni hablaremos de Jesús “de oídas”, ahora ya lo hemos visto encontrado y visto por nosotros mismos y comunicaremos lo experimentado y no solo lo sabido. Es decir, ya podremos contar lo que nos ha pasado.

En este encuentro, además, Jesús viene con regalos (dones): nos da alegría y nos quita el miedo. Cuando estamos alegres, encontramos fuerza para hacer todo lo necesario. Cuando perdemos el miedo, nada nos paraliza. Esto es lo que hace Jesús en nosotros cuando nos ponemos en camino para anunciarlo: nos llena de la fuerza de la alegría y nos quita las parálisis de los miedos.

Como puedes comprobar, al evangelizar, mejora nuestra percepción de Dios y, además, crecemos personalmente, lo cual es una motivación enorme para hacer apostolado: nos llenamos de alegría y vivimos sin miedo.

Te invito a buscar que este dinamismo pueda darse en ti. Verás que, cuando evangelizas, te pasan muchas cosas nuevas que antes no te acontecían y serán una fuente continua de alegría.