Quién soy

Me llamo Carlos Ucelay Rodríguez-Salmones. Soy un hijo de Dios, católico, casado, padre de tres varones y abogado especializado en conflictos de socios. Me incardino como feligrés de la diócesis de Madrid en la parroquia Padre Nuestro.

Nacido y crecido en el seno de una familia católica🔗

Nací en una familia católica de padres practicantes. Desde mi juventud, las conversaciones alrededor de la religión eran normales. Más sobre la religión que sobre la experiencia personal de Dios ciertamente. En todo caso, mientras crecía iba tomando conciencia de cómo mis padres organizaban la vida en torno a Dios y cómo Dios era la fuente y centro de sus decisiones: desde la elección del colegio; a la escala de valores; la organización del tiempo; la centralidad de lo celebrativo; la reverencia a Dios y tantas cosas más.

La experiencia que lo cambió todo🔗

Cuando era pequeño y me estaba preparando para mi primera comunión en tercero de EGB, un día que jugaba al baloncesto tirando a canasta en los Sagrados Corazones de Torrelavega yo solo, después de comer en el patio, se me acercó un niño y me pidió jugar conmigo, pero yo me negué porque quería jugar solo. Entonces, este niño me respondió ¿cómo puedes estar preparándote para la primera comunión y no dejarme jugar?. En ese momento, tuve conciencia de que quien me había hablado a través de ese niño habia sido Jesús. Es decir, con siete u ocho años supe que me había hablado Jesús. Esta experiencia se me quedó grabada fuertemente y nunca la pude olvidar. Venía de manera recurrente a mi memoria en el transcurso de los años hasta que, con la madurez, fue adquiriendo toda la consistencia de lo que había sido. Jesús venía a buscarme personalmente.

Ciertamente no por ello fui un niño ejemplar, así que lo expongo como la primera experiencia de Dios consciente y que marcó un antes y un después por lo que significó, aunque mi vida posterior no fuera un buen testimonio en todo momento.

Apostolado🔗

Una noche me encontraba en la sacristía de la parroquia San Roque de Santander con el grupo de universitarios. Tenía en ese momento un gran sentimiento de desubicación. Veía mucha heterogeneidad de personas delante mío y sentía falta de conexión. Un sentimiento que llevaba años arrastrando y que fue una gran fuente de problemas personales.

El caso es que mientras miraba a las personas y sentía esa dificultad interior, se abrió paso en mí una moción parecida a esto «Carlos, esto es lo que yo hago. Unir cosas tan diferentes«. Parece un poco críptico, quizá, pero me resultó muy luminoso. Me habló del Reino de Dios. Y, a partir de ahí, sentí una necesidad muy grande de difundirlo. Fue cuando nació mi vocación apostólica.

Un discipulado católico🔗

Con el paso de los años, según iba teniendo distintas experiencias pastorales como receptor y como promotor, iba calando cada vez más en mí la necesidad de dar alguna respuesta al hecho de que los laicos tienen grandes carencias de formación y experiencia. El hecho nunca ha sido nuevo, pero cada tiempo tiene sus características, aunque la necesidad nunca desaparezca.

Este sitio trata de ser una herramienta de discipulado católico en tal sentido. Comenzó como una forma más fácil de compartir reflexiones que llevaba en papel a las personas que integraban un grupo de discipulado parroquial y, poco a poco, lo he ido desarrollando dadas sus posibilidades y mis limitaciones.

Poco a poco voy completando esta parte con algunas referencias (Continuará…)